María Rubilar, artesana de La Adela, dijo a Acontecer y La Voz que los Pueblos que “hago artesanías en mate calabaza, en madera, llamadores de ángeles con cañas, gallinitas y pájaros en calabaza y por otro lado mi hija hace artesanías en cerámica y porcelana”, añadió que “también tengo la ayuda de mi marido para cortar el material que utilizo. Hace muchos años que hago artesanías de todo tipo para ir cambiando y poder vender más. Los días viernes estoy participando de la Feria Nehuen en Río Colorado, la temporada más fuerte es a partir de septiembre”.

Contó que “por este tema de la Pandemia se hace muy difícil todo, últimamente no se vende casi nada, pero gracias a Dios yo tuve la suerte de que hace un mes aproximadamente llegaron turistas de Santa Fe y Mendoza y me compraron todas las artesanías que tenía en mi casa, pero está todo muy difícil en estos tiempos. De todos modos, yo siempre estoy trabajando y preparando material para tener, ahora tenemos que ir con mi hija a entregar un pedido de sahumerios, ella vende mucho por Internet acá en la comarca y afuera. El estar en Internet nos da la posibilidad de que se conozcan más nuestros productos y es por eso que nos están comprando por ese medio, gente de Bahía Blanca y de Salta, pasan camiones por la ruta y se llevan el material. Pero eso lo hace ella desde la computadora”, enfatizó.

Manifestó que “a mí me gusta mucho hacer artesanías, no puedo estar quieta sin hacer nada, mi lugar es en un rinconcito de mi casa donde invento cosas continuamente. No paro porque si entra un turista de afuera y me compra todo como la otra vez tengo que tener material disponible. No me gusta estar
vendiendo en la ruta porque hay que ir y venir con los materiales ya que no hay un espacio donde poder tener las cosas por eso vendo desde mi casa y los viernes en la feria de Río Colorado. En La Adela siempre que hay algún evento la Municipalidad me llama y ofrezcos mis productos, lamentablemente ahora está todo parado por la Pandemia”.
Reiteró que “antes de que comenzara la Pandemia empecé a vender en otros pueblos de La Pampa como San Martín, Guatraché y toda esa zona desde donde venía sin nada porque me compraban todo lo que llevaba, después vendo en localidades de Río Negro, pero todo cerca, no me gusta viajar muy lejos. Siempre estoy esperando que me llamen cuando hacen alguna feria en las plazas de los pueblos, si me llaman allá voy. Las artesanías no dan para vivir, pero ayudan a la economía de la familia”, finalizó.

