«Vamos a tener un trimestre sin plata», le avisó Toto Caputo a las autoridades porteñas, con las que negocia el pago de la deuda que Nación arrastra con la Ciudad. El mismo mensaje desalentador recibió un gobernador aliado.
Sobran los ejemplos: la Patagonia nunca recibió los 100 mil millones que prometió Milei para combatir los incendios y Santa Fe tuvo que afrontar sola la mejora de los sueldos de la policía luego de la reciente rebelión, como dejó en claro el gobernador Pullaro. Lo mismo ocurrió con los pagos del Pami a las clínicas de la Patagonia, pisados por Caputo. De hecho, los últimos ATN que repartió fueron en diciembre, desde entonces cero.
La economía argentina parece ingresar así a un laberinto conocido: falta plata, no porque el gasto haya explotado, sino porque los ingresos se enfrían y el financiamiento empieza a mostrar límites.
El primer problema es fiscal. La recaudación lleva seis meses consecutivos de caída en términos reales y enero marcó el nivel más bajo de los últimos 16 años ajustado por inflación. Según publicó ARCA, los ingresos alcanzaron 18,33 billones de pesos, con una suba nominal del 22% respecto de enero de 2025, pero una caída real frente a la inflación. El dato refleja una economía que pierde dinamismo y complica el equilibrio fiscal.

